domingo, 16 de abril de 2017

Siete

VII

El amor es un secreto gastado
un cristal pulido de botella
algo que la corriente arrastra
golpea, besa, zarandea.
Y luego escupe, verde, suave
amansado.

Bebemos arena
construimos castillos sin muros
dejamos que el agua nos moje los pies.
Gritamos que será la última
a la ola que se acerca erguida
que solo de ella es la culpa
del miedo primitivo
a las orillas vacías del mundo.

Al sol la vida se ablanda
los ojos se oscurecen
se aman las cosas absurdas:
el olor de las flores amarillas
las canciones de iglesia.
La cerveza más que cualquier otra cosa
fría sobre la tierra.

Y el mar puede que no exista
con los pies mojados
tumbada al sol de una azotea.
Que la única marea sea esta
que se agita en los vasos.

Seguirán llegando aquí las olas
gritaremos de nuevo:
tú serás la última.
Atrapados en nuestras orillas
por los tejados del mundo.

Carmen Jubete, Obra no premiada.

lunes, 27 de marzo de 2017

La Hoya de la Mora



Habíamos subido hasta arriba
sin saber realmente dónde íbamos
casitas de playa en mitad de la nada
decíamos ‘qué romántico’
y las antenas, el frío, la nieve sucia
todavía allí también.

Que en realidad el amor es
subir dos veces por la misma carretera estrecha
ver bajar la temperatura en el salpicadero
llegar a la desolación como una conquista
sucia y fría y huracanada sí
pero absolutamente nuestra.

Conservar el color del infinito
atrevernos a cambiar
perdonarnos
por volver.

Carmen Jubete, Obra no premiada

viernes, 10 de marzo de 2017

Sin título VI

Estoy en contra
de cerrar las ventanas de los museos
de crear espacios que no sean
vasos comunicantes
de lugares sin vasos
en general

Cosas vacías o llenas
que no puedan solucionarse
con una ronda
o un trago

Algo que equilibre
la realidad

sacar todo fuera
con posibilidad de muro.

Carmen Jubete, Antropoceno.





jueves, 19 de enero de 2017

El metro de Tokio

Cuando hago memoria, lo primero que me viene a la cabeza es una boca de metro. Tú estabas esperando en la salida de la estación de Akebonobashi. Vestías una sudadera azul eléctrico y estabas comiendo uno de esos sándwich de kombini que suponen el 80% de la dieta de cualquier extranjero recién llegado. Yo también esperaba allí parada, sin saber que los dos estábamos esperando a la misma persona, sin saber que en el fondo no éramos solo dos desconocidos que se miran esperando…

Poco tiempo después, otra imagen: Tú y yo dentro del vagón compartiendo los cascos. Codo con codo jóvenes exponentes de tribus urbanas y somnolientos sarariman embutidos en sus trajes. Pero nosotros avanzábamos solos, rodeados por la música. La realidad pasando a nuestro lado sin apenas rozarnos: el Skytree rompiendo el cielo, hojas rojizas caídas en el asfalto, madres guardando el bento recién hecho en la mochila cuadrada de sus hijas. También me acuerdo de la despedida en el andén. Un beso rápido en la mejilla y tu figura alejándose, iluminada por la luz artificial del eterno día de los fluorescentes.

Supe desde el principio que nuestra historia estaba condenada al subsuelo. Al amor subterráneo de los secretos, la asfixiante tristeza de los conductos de ventilación, el angustioso lamento de los trenes que se cruzan en las profundidades de la Tierra. No era esa clase de amor al que te subes comprando un billete sencillo. Era una estación perdida en la maraña de colores del plano, era un trayecto sin punto de llegada o de partida.

Pero todo terminó un día (quizá una noche) con el mismo impulso absurdo con el que todo empezó. Habituados a su entorno natural, tus recuerdos se fueron diluyendo en el corazón agusanado de Tokio: la enorme estación de Shinjuku como una ciudad escondida bajo tierra, el frío de la madrugada en la parada de Roppongi, o la humanidad desbordante de la línea Marunouchi a su paso por Ikebukuro. Al final la indiferente compañía de la multitud me resultaba reconfortante, convencida de que la soledad solo acecha en la superficie del mundo.

Aquellos días ya están muy lejos. He olvidado el nombre de la mayoría de las estaciones, la mitad de las caras y casi todos mis rincones favoritos de la ciudad. Ahora tú vuelves a ser un desconocido que espera en algún lugar. Y yo nunca podré olvidarme del metro de Tokio.


miércoles, 12 de octubre de 2016

Like


LIKE

Facebook o la nueva novela.
Autobiógrafos-ilustradores.
La crítica implacable del like.
La inmediata jauría del rechazo.
¿Qué quiere nuestro público?
Que seamos felices, muy felices.
Jóvenes, guapos, motivados.
Sonríe o jódete.
Disfruta o jódete.
Enséñame tu felicidad
que yo te la compro
o te la vendo
o que te jodan.

También es válida
la tristeza por amor
niños enfermos
cachorritos abandonados
finales de película
y terrorismo internacional.

No estés triste baby,
enséñamelo todo
desnuda tu emoción
métete estas cuatro frases de autoayuda
son de primera calidad
te sentirás mejor.

Quien no busca la verdad
en su cara,
quien no valora su cara
no merece tener cara.
Ni amigos.
Ni seguidores siquiera.
Ni internet.
Puede que un gato o dos.
No demasiado bonitos.
Ni cariñosos.

Total qué mas da.
Yo volveré a la nada.

Tú seguirás sonriendo
en tu foto de perfil
disfrutando de la nada.

Carmen Jubete, Antropoceno.




martes, 27 de septiembre de 2016

Casas

CASAS

Un hostal cualquiera
de una ciudad cualquiera
de un país (europeo).
Cuatro literas vacías en la habitación
resumen de forma elocuente
lo que llevo conmigo.

Elegí este lugar porque
sea la ciudad que sea
siempre es igual.
Colchas naranjas
tostadas con tomate
sillas verdes de exterior
una pequeña isla de tiempo y espacio
calma y vacía.

Mastico una porción de pizza
en los bancos del patio
para cenar
y una cerveza
para que nada pueda defraudarme.

Un grupo de hombres
fuma shisha y bebe té.
El fuego de la pipa se ilumina
como una rosa que respira
no puedo dejar de mirar
esa flor.

Estudian una lista
de palabras en español:
desayuno, zapatos, bebé,
cosas sencillas.
Una niña se acerca y me saluda
"hola, hola, hola" repite,
no necesita mas palabras en el mundo.

Mira hacia la ciudad y señala sus luces
me cuenta una historia en un idioma ininteligible
sobre una ciudad que no es esta
una guerra que no es la suya
otras luces que amaba y se apagaron
como flores en la noche.

Pero yo no entiendo nada,
solo miro su mano tocando
un punto que no alcanzo a ver con mis ojos.
Y le pregunto despacio
si le parece bonita la noche
y pienso:
por favor, por favor, por favor
no dejes que las palabras te destruyan.

Carmen Jubete, Antropoceno.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Fabuloso ratón

KAT 'destructor de mundos'

Llevaba toda la vida
escondiéndose del mundo
como un ratón.
Hasta que un día
miró por vez primera tras de sí,
y descubrió su sombra felina.

Y es que, por mucho que nos veamos la punta de la cola, o nos peinemos las orejas y los bigotes, resulta complicado saber de qué trata eso de ser uno mismo. Es necesario mirar mas allá.