jueves, 19 de enero de 2017

El metro de Tokio

Cuando hago memoria, lo primero que me viene a la cabeza es una boca de metro. Tú estabas esperando en la salida de la estación de Akebonobashi. Vestías una sudadera azul eléctrico y estabas comiendo uno de esos sándwich de kombini que suponen el 80% de la dieta de cualquier extranjero recién llegado. Yo también esperaba allí parada, sin saber que los dos estábamos esperando a la misma persona, sin saber que en el fondo no éramos solo dos desconocidos que se miran esperando…

Poco tiempo después, otra imagen: Tú y yo dentro del vagón compartiendo los cascos. Codo con codo jóvenes exponentes de tribus urbanas y somnolientos sarariman embutidos en sus trajes. Pero nosotros avanzábamos solos, rodeados por la música. La realidad pasando a nuestro lado sin apenas rozarnos: el Skytree rompiendo el cielo, hojas rojizas caídas en el asfalto, madres guardando el bento recién hecho en la mochila cuadrada de sus hijas. También me acuerdo de la despedida en el andén. Un beso rápido en la mejilla y tu figura alejándose, iluminada por la luz artificial del eterno día de los fluorescentes.

Supe desde el principio que nuestra historia estaba condenada al subsuelo. Al amor subterráneo de los secretos, la asfixiante tristeza de los conductos de ventilación, el angustioso lamento de los trenes que se cruzan en las profundidades de la Tierra. No era esa clase de amor al que te subes comprando un billete sencillo. Era una estación perdida en la maraña de colores del plano, era un trayecto sin punto de llegada o de partida.

Pero todo terminó un día (quizá una noche) con el mismo impulso absurdo con el que todo empezó. Habituados a su entorno natural, tus recuerdos se fueron diluyendo en el corazón agusanado de Tokio: la enorme estación de Shinjuku como una ciudad escondida bajo tierra, el frío de la madrugada en la parada de Roppongi, o la humanidad desbordante de la línea Marunouchi a su paso por Ikebukuro. Al final la indiferente compañía de la multitud me resultaba reconfortante, convencida de que la soledad solo acecha en la superficie del mundo.

Aquellos días ya están muy lejos. He olvidado el nombre de la mayoría de las estaciones, la mitad de las caras y casi todos mis rincones favoritos de la ciudad. Ahora tú vuelves a ser un desconocido que espera en algún lugar. Y yo nunca podré olvidarme del metro de Tokio.


miércoles, 12 de octubre de 2016

Like


LIKE

Facebook o la nueva novela.
Autobiógrafos-ilustradores.
La crítica implacable del like.
La inmediata jauría del rechazo.
¿Qué quiere nuestro público?
Que seamos felices, muy felices.
Jóvenes, guapos, motivados.
Sonríe o jódete.
Disfruta o jódete.
Enséñame tu felicidad
que yo te la compro
o te la vendo
o que te jodan.

También es válida
la tristeza por amor
niños enfermos
cachorritos abandonados
finales de película
y terrorismo internacional.

No estés triste baby,
enséñamelo todo
desnuda tu emoción
métete estas cuatro frases de autoayuda
son de primera calidad
te sentirás mejor.

Quien no busca la verdad
en su cara,
quien no valora su cara
no merece tener cara.
Ni amigos.
Ni seguidores siquiera.
Ni internet.
Puede que un gato o dos.
No demasiado bonitos.
Ni cariñosos.

Total qué mas da.
Yo volveré a la nada.

Tú seguirás sonriendo
en tu foto de perfil
disfrutando de la nada.

Carmen Jubete, Antropoceno.




martes, 27 de septiembre de 2016

Casas

CASAS

Un hostal cualquiera
de una ciudad cualquiera
de un país (europeo).
Cuatro literas vacías en la habitación
resumen de forma elocuente
lo que llevo conmigo.

Elegí este lugar porque
sea la ciudad que sea
siempre es igual.
Colchas naranjas
tostadas con tomate
sillas verdes de exterior
una pequeña isla de tiempo y espacio
calma y vacía.

Mastico una porción de pizza
en los bancos del patio
para cenar
y una cerveza
para que nada pueda defraudarme.

Un grupo de hombres
fuma shisha y bebe té.
El fuego de la pipa se ilumina
como una rosa que respira
no puedo dejar de mirar
esa flor.

Estudian una lista
de palabras en español:
desayuno, zapatos, bebé,
cosas sencillas.
Una niña se acerca y me saluda
"hola, hola, hola" repite,
no necesita mas palabras en el mundo.

Mira hacia la ciudad y señala sus luces
me cuenta una historia en un idioma ininteligible
sobre una ciudad que no es esta
una guerra que no es la suya
otras luces que amaba y se apagaron
como flores en la noche.

Pero yo no entiendo nada,
solo miro su mano tocando
un punto que no alcanzo a ver con mis ojos.
Y le pregunto despacio
si le parece bonita la noche
y pienso:
por favor, por favor, por favor
no dejes que las palabras te destruyan.

Carmen Jubete, Antropoceno.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Fabuloso ratón

KAT 'destructor de mundos'

Llevaba toda la vida
escondiéndose del mundo
como un ratón.
Hasta que un día
miró por vez primera tras de sí,
y descubrió su sombra felina.

Y es que, por mucho que nos veamos la punta de la cola, o nos peinemos las orejas y los bigotes, resulta complicado saber de qué trata eso de ser uno mismo. Es necesario mirar mas allá.

jueves, 14 de julio de 2016

Retornos



RETORNOS

Inmóviles son las piedras
que forman el camino
y sin embargo
avanzo a través de ellas.

La memoria es
en conjunto
fisuras de un mismo
torrente.

Siempre vuelve
siempre vuelve
la tarde a su luz
la letra a su margen.

Silenciosos ríen
los dioses del olvido
cuando te encuentro
cuando me encuentras.

El tiempo estancado
tus ojos
mis manos
cubiertas de hiedra.







jueves, 12 de mayo de 2016

¿Con qué sueñan los gatitos de menos de un kilo?

Niña frente a gato, de Kiyoshi Saito


¿CON QUÉ SUEÑAN LOS GATITOS DE MENOS DE UN KILO?

Un gatito de menos de un kilo
no ha visto una tormenta en su vida,
y aún así se despierta inquieto,
sintiendo lo que se avecina.

También
yo misma
huyo de las tormentas
mucho antes de haberlas amado.  

Creí soñar con cordones de colores
y escaleras-atalayas del mundo.
Él se desvela por la noche,
pensando en el mañana.

Compartimos el odio al perro,
el deseo de estar fuera y estar dentro,
las pulgas de decepción
por la raza.

Nuestro pasado fue divino
y ahora ¿qué nos queda?
garras y espíritu,
palabras y ruinas.

Me mira con un ojo abierto,
y lo que ambos sabemos
es que aquellos que no duermen
tampoco pueden soñar.

jueves, 25 de febrero de 2016

Ningún poema triste

NINGÚN POEMA TRISTE

Los poemas no son tristes.
Lloran como niños,
sólo por hambre o sueño,
porque no quieren estar solos
en su cuna de madera.

Nacen en el instante mismo
de la palabra escrita.
Y van paso a paso
aferrados de esta mano
que hechizada los sujeta.

Son inocentes por naturaleza,
nosotros los convertimos
en lo que serán.
Dulces, amargos, afilados
hijos malditos del poeta.

Tienen mi boca y mi nariz,
algo de tus ojos negros
e incluso rasgos de otra tierra.

Me resisto a verlos crecer,
dejarlos partir,
con este punto que los cierra.


Carmen Jubete, Contrafuego.